Por otra parte, los Padres de la Iglesia jamás interpretaron las palabras de Jesús a Pedro en el sentido de que la persona y autoridad de éste fuesen la piedra sobre la cual quedaría fundada la Iglesia. Escribe Teodoro de Mopsuestia (antioqueno y gran amigo de Juan Crisóstomo), por ejemplo: "Habiendo llamado piedra a su confesión, manifesto que sobre ella, sobre la confesión , edificaría la Iglesia. Al dirigirse a Pedro se refería a su confesión y a su fe [...] Como fruto de esta confesión, de la que participarían todos los creyentes, Cristo le llamó roca, pero estableció la Iglesia sobre esta confesión" (MKGK 129)
jueves, 8 de enero de 2009
συ ει Πετροσ, και επι ταυτη τη πετρα οικοδομησω μου την εκκλησιαν
Quienes defienden la autoridad del obispo de Roma sobre toda la Iglesia apelan inevitablemente a Mt 16, 18. Empero, en ese texto no se dice nada acerca del obispo de Roma. Fue debido a un concertado y secular trabajo de prestidigitación que se llegó a la idea de que la sede episcopal romana era la piedra angular de la Iglesia. Esta obra de prestidigitación a que aludo fue detectada desde el siglo XIII por varios teólogos orientales, entre ellos Nilo Cabasilas (PG 146,685), quienes prontamente reaccionaron trazando nítidamente la distinción entre las condiciones apostólica y episcopal. Esta distinción implica que Pedro no fue obispo de Roma, porque ni siquiera fue obispo, sino apóstol; del mismo modo que supone que la dignidad apostólica es intransmisible, aunque gravite ciertamente sobre todo el cuerpo de la Iglesia.
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1 comentario:
Y, ¿ya sabrán eso los romanos?
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