jueves, 8 de enero de 2009

συ ει Πετροσ, και επι ταυτη τη πετρα οικοδομησω μου την εκκλησιαν

Quienes defienden la autoridad del obispo de Roma sobre toda la Iglesia apelan inevitablemente a Mt 16, 18. Empero, en ese texto no se dice nada acerca del obispo de Roma. Fue debido a un concertado y secular trabajo de prestidigitación que se llegó a la idea de que la sede episcopal romana era la piedra angular de la Iglesia. Esta obra de prestidigitación a que aludo fue detectada desde el siglo XIII por varios teólogos orientales, entre ellos Nilo Cabasilas (PG 146,685), quienes prontamente reaccionaron trazando nítidamente la distinción entre las condiciones apostólica y episcopal. Esta distinción implica que Pedro no fue obispo de Roma, porque ni siquiera fue obispo, sino apóstol; del mismo modo que supone que la dignidad apostólica es intransmisible, aunque gravite ciertamente sobre todo el cuerpo de la Iglesia. 

Por otra parte, los Padres de la Iglesia jamás interpretaron las palabras de Jesús a Pedro en el sentido de que la persona y autoridad de éste fuesen la piedra sobre la cual quedaría fundada la Iglesia. Escribe Teodoro de Mopsuestia (antioqueno y gran amigo de Juan Crisóstomo), por ejemplo: "Habiendo llamado piedra a su confesión, manifesto que sobre ella, sobre la confesión , edificaría la Iglesia. Al dirigirse a Pedro se refería a su confesión y a su fe [...] Como fruto de esta confesión, de la que participarían todos  los creyentes, Cristo le llamó roca, pero estableció la Iglesia sobre esta confesión" (MKGK 129)

1 comentario:

Darío Zetune dijo...

Y, ¿ya sabrán eso los romanos?